Escuchar una canción y no poder sacársela de la cabeza es una experiencia muy común. A muchas personas les pasa que un fragmento de una melodía se repite una y otra vez durante horas o incluso días. Aunque puede resultar molesto, la ciencia tiene una explicación para este fenómeno.
Los especialistas lo llaman “earworm”, que en español suele traducirse como “gusano musical”, y describe esos momentos en los que una parte específica de una canción se reproduce de manera involuntaria en la mente.
Qué son los “earworms” y por qué aparecen
Según explican distintos estudios sobre el tema, los earworms suelen ser fragmentos musicales breves, de entre 15 y 30 segundos, que se repiten mentalmente sin que la persona lo decida conscientemente.
Este fenómeno también se conoce en psicología como “imaginería musical involuntaria”, un proceso en el que el cerebro reproduce melodías de manera automática.
Según explicó el profesor de psiquiatría David Silbersweig a The Harvard Gazette, uno de los factores clave tiene que ver con la forma en que está construida la canción.
Elementos como la repetición de la melodía, la duración de las notas o los intervalos cortos entre ellas pueden hacer que una canción sea más pegadiza y tenga más probabilidades de quedarse dando vueltas en la cabeza.
Los especialistas señalan que esto ocurre porque la música activa áreas del cerebro vinculadas con la memoria, la audición y las emociones, como la corteza auditiva y el hipocampo.
Hay una razón psicológica del por qué se nos "pegan" algunas canciones a la cabeza. (Foto: Adobe Stock).
Cuando esas regiones se conectan entre sí, el cerebro puede recuperar una melodía incluso sin que la persona esté escuchando música en ese momento.
Por qué algunas canciones se vuelven más “pegadizas”
No todas las canciones tienen la misma capacidad de quedarse en la cabeza. Los investigadores explican que existen ciertas características musicales que favorecen este efecto.
Entre ellas se encuentran:
melodías simples y fáciles de recordar,
ritmos repetitivos,
intervalos musicales pequeños entre notas,
estribillos cortos y repetidos.
Silbersweig también señaló que las emociones juegan un papel importante en este fenómeno. Las canciones que están asociadas a momentos específicos de la vida, como recuerdos, personas o situaciones particulares, tienen más probabilidades de repetirse mentalmente.
A través de estudios con resonancia magnética, los investigadores observaron que existe una conexión entre la corteza auditiva, encargada de procesar los sonidos, y áreas profundas del lóbulo temporal, como el hipocampo, que está relacionado con la memoria.
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